OSTEOPOROSIS

Debemos tener en cuenta que el hueso es un tejido vivo que es constantemente reemplazado por hueso nuevo en un proceso de remodelación. Hablamos de osteoporosis cuando hay un desequilibrio entre la formación de hueso (de la que se encargan los osteoblastos) y la destrucción del mismo (de la que se encargan los osteoclastos), produciéndose en consecuencia una disminución de la masa ósea por unidad de volumen.

 

Asumimos que con el paso de los años nuestro tejido óseo se va debilitando, pero no debería hacerlo a un ritmo tal que nos incapacite para vivir con una calidad de vida adecuada.

 

Nuestro máximo capital óseo varía a lo largo de la vida, ocurriendo un aumento del pico de masa ósea hasta los 30 años, momento a partir del cual se estabiliza para decaer a una velocidad vertiginosa a partir de los 60 años en los hombres y con anterioridad en las mujeres, dado que con la menopausia disminuyen los estrógenos (que ayudan a fijar el calcio en el hueso).

Para aumentar el capital óseo durante los primeros 30 años de vida son importantes un adecuado crecimiento, una dieta equilibrada y la práctica de ejercicio físico; factores que favorecen un mayor ingreso y una menor retirada de calcio en el hueso.

 

 

Se consideran FACTORES DE RIESGO para desarrollar la enfermedad:

 

  • Edad avanzada: a partir de los 30 años. También mujeres que han pasado la menopausia.  

  • Una ingesta de calcio insuficiente; siendo la leche, lácteos, nueces, espina del pescado y la verdura de hoja verde… algunos de los alimentos que lo aportan.

  • Deficiencia en la síntesis de vitamina D. El sol es también fundamental ya que los rayos UV activan la provitamina D para convertirla en vitamina D, que atrapa el calcio que circula por el torrente circulatorio y lo lleva al hueso y al músculo.

  • Extrema delgadez, dado que el tejido adiposo es un precursor estrogénico.

  • Hábitos tóxicos; entre los que se incluyen:

    • El tabaco, que disminuye la densidad mineral ósea y aumenta el metabolismo de los estrógenos.

    • El alcohol, que reduce la actividad formadora de los osteoblastos, así como el metabolismo de la vitamina D.

    • Bebidas carbónicas como el café o refrescos de cola, ya que el carbonato atrapa el calcio y el carbonato cálcico es eliminado por la orina a niveles elevados.

  • Consumo elevado de proteínas, que aumentan la excreción de calcio urinario.

  • Ingesta de determinados medicamentos durante largo periodo de tiempo: cortisona o sus derivados, antiepilépticos, hormonas tiroideas…

  • Estilo de vida sedentaria o falta de actividad física.

 

Quien padece la enfermedad puede presentar alguno de los siguientes SÍNTOMAS: dolor por la aparición de contracturas secundarias, fracturas patológicas que ocurren generalmente en huesos más largos (siendo muy frecuente la fractura de cadera, de hombro y de radio a nivel distal) o deformidades que ocurren generalmente en huesos cortos (siendo muy frecuentes en vértebras y costillas) y desencadenan el desarrollo de otras patologías degenerativas del aparato locomotor.

 

Además del TRATAMIENTO farmacológico prescrito por su médico y de practicar unos hábitos dietéticos adecuados que supongan suprimir factores de riesgo y un suficiente aporte de calcio y de vitamina D, se recomienda realizar ejercicio físico y sesiones de fisioterapia o rehabilitación (según la sintomatología desarrollada).

 

La actividad física es fundamental dado que cuando los músculos traccionan del tejido óseo favorecen su mineralización.  En personas jóvenes se pretende aumentar el nivel de masa ósea, y por ello son recomendables actividades aeróbicas de alto impacto contra resistencia o con implicación de la propia carga corporal: fútbol, balonmano, baloncesto, deportes de lucha... En edades más avanzadas se persigue reducir la pérdida de densidad mineral ósea y el riesgo de caídas y fracturas por deficiencias en las habilidades neuromusculares normales (equilibrio, coordinación, fuerza…), por lo que se aconseja la práctica de ejercicio aeróbico con impacto realizado regularmente y con una intensidad moderada: caminar, trote suave, pilates…

 

Si usted padece osteoporosis es aconsejable que someta a los huesos a carga moderada, que trabaje en todas las articulaciones con amplitud de movimiento y a ser posible de forma global, que aumente la fuerza muscular y la flexibilidad, que evite rebotes y esfuerzos continuados excesivos; así como movimientos bruscos de la columna vertebral…

 

Las sesiones de fisioterapia o rehabilitación pueden incluir electroterapia (magnetoterapia, TENS), masoterapia de la musculatura implicada y técnicas para mantener la funcionalidad y para aumentar la movilidad, la fuerza y el equilibrio. La magnetoterapia juega un papel fundamental en su recuperación, ya que al mismo tiempo que dificulta la pérdida del calcio el efecto piezoeléctrico que se induce en el hueso activa la regeneración del mismo.

 

En CARMASALUD contamos con todos los profesionales sanitarios para tratar la osteoporosis, disponemos de los servicios de medicina de familia, traumatología, fisioterapia, nutrición y dietética, etc. No dude en ponerse en contacto con nosotros para resolver sus dudas.

 

 

CARMASALUD – Centro Clínico e Investigador

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